Blanca, la guardiana charrúa del cerro Batoví
Es maestra jubilada e instructora de yoga. Fundó Guyunusa, una organización con sede en Tacuarembó, integrante del Consejo de la Nación Charrúa, que reúne a descendientes de indígenas.
Fue directora por 12 años de la escuela rural Nº 31 del Cerro Batoví, la misma a la que asistió su padre, Don Argelino, bisnieto del cacique Sepé.
Le imprimió a su práctica docente una relación permanente con el medioambiente. Fue una de las primeras asistentes a los Encuentros de Yuyeras pertenecientes a la Red de Plantas Medicinales de América del Sur.
Supo regar sus plantas a varios kilómetros de distancia. Hoy recibe información, que considera sagrada, de maestros de una Asociación Espirita Kardeciana a la que pertenece. Cuando, en Montevideo, acompaña a su hija a la feria del Parque Rodó, le dice: “¡Paula! ¡Hoy se juntó todito de charrúas por acá!”.
Mientras proyecta construir una escuela charrúa en Tacuarembó, reflexiona sobre las consecuencias de seguir repitiendo que los uruguayos somos descendientes de los que bajaron de los barcos. “¡Si los que bajaron de los barcos se comieron nuestra tierra!”, advierte. “Si por lo menos ahora la estuvieran cuidando… ¡Transformaron el tapiz vegetal, quitaron el monte nativo y nos llenaron de árboles exóticos!”, concluye Blanca.